Las plagas agrícolas han acompañado a los cultivos desde siempre, pero en los últimos años han desarrollado una alarmante capacidad de adaptación, convirtiéndose en un desafío creciente para la agricultura sostenible. Factores como el cambio climático, la intensificación agrícola y la resistencia a los productos químicos han favorecido su proliferación. Entre las más problemáticas destacan el pulgón, la mosca blanca y la psila, que afectan a una gran variedad de cultivos hortícolas y frutales.
Pulgón, mosca blanca y psila: ¿por qué están aumentando?
La evolución de las plagas no es casualidad. Su crecimiento responde a una combinación de factores interrelacionados que afectan tanto al medio ambiente como a las prácticas agrícolas, favoreciendo su proliferación.

Factores que impulsan la evolución de las plagas agrícolas
1. Resistencia a los tratamientos convencionales
El uso prolongado o inapropiado de insecticidas tradicionales ha generado poblaciones resistentes, dificultando su control y reduciendo la efectividad de los tratamientos convencionales. Esto ha obligado a buscar alternativas sostenibles que no generen residuos y respeten la fauna auxiliar.
2. Cambio climático y condiciones ambientales
El aumento de temperaturas ha impulsado el desarrollo de más generaciones anuales de estas plagas, prolongando su período de actividad y favoreciendo su reproducción incluso en épocas que antes estaban libres de infestaciones. En climas templados, algunas especies han pasado de ser un problema estacional a una amenaza constante.
Además, las condiciones de alta humedad y calor, especialmente en invernaderos, crean un entorno ideal para la proliferación de plagas como el pulgón y la mosca blanca.
3. Reducción de depredadores naturales
El uso intensivo de productos químicos no selectivos ha reducido las poblaciones de insectos benéficos, como las mariquitas o los parasitoides, que antes ayudaban a mantener el equilibrio natural de estos insectos.
4. Globalización y distribución geográfica
La globalización ha facilitado la dispersión y evolución de las plagas hacia regiones donde antes no eran comunes, ampliando su alcance geográfico.
Impacto en los cultivos y en la producción agrícola
Las plagas representan una seria amenaza para la agricultura, no solo por las pérdidas económicas que generan, sino también por su impacto en el equilibrio ambiental. Al succionar savia y segregar melaza, afectan hojas, frutos y órganos vitales de las plantas, reduciendo significativamente los rendimientos agrícolas. Para controlar su avance, como hemos comentado en el apartado anterior, a menudo se recurre al uso intensivo de pesticidas y esto puede desestabilizar los agroecosistemas y afectar a especies beneficiosas como polinizadores y depredadores naturales.
Los efectos de estas plagas en la agricultura son devastadores:
- Pulgón: se alimenta de la savia y segrega melaza, debilitando la planta, favoreciendo la aparición de hongos como la negrilla y transmitiendo virus.
- Mosca blanca: succiona savia y también produce melaza, creando un ambiente propicio para hongos que reducen la fotosíntesis y dañan la planta.
- Psila: afecta principalmente frutales como el peral, debilitando los brotes jóvenes, reduciendo la producción y, al igual que las anteriores, segregando melaza que facilita el desarrollo de patógenos secundarios.
Este daño acumulativo no solo compromete la productividad de los cultivos, sino que también dificulta la sostenibilidad del sector agrícola, haciendo imprescindible el uso de estrategias de control más responsables y eficientes.
Cómo abordar la evolución de las plagas agrícolas con un enfoque sostenible
Ante el crecimiento y adaptación de plagas como el pulgón, la mosca blanca y la psila, es imprescindible adoptar otras estrategias que garanticen un control efectivo sin comprometer el equilibrio ambiental. Para ello, es clave coordinar diferentes estrategias que minimicen el impacto en los cultivos y reduzcan la dependencia de productos químicos tradicionales. Solo así será posible enfrentar la evolución de las plagas agrícolas y avanzar hacia un modelo productivo más eficiente y respetuoso con el medioambiente.
1. Monitoreo y detección temprana
La observación constante de los cultivos es importante para actuar a tiempo. La instalación de trampas adhesivas y el uso de sensores avanzados permiten detectar la presencia de plagas antes de que se descontrolen, facilitando una intervención más precisa y eficiente.
2. Uso de productos sin residuos
Las soluciones naturales y sin residuos se han convertido en una herramienta clave dentro de la gestión sostenible de plagas. Estas formulaciones no solo permiten proteger los cultivos de manera eficaz, sino que también cumplen con las crecientes exigencias normativas y con la demanda de consumidores que priorizan alimentos libres de residuos.
En este contexto, Altinco Grinward® destaca como una solución innovadora. Se trata de un insecticida de contacto formulado con un 20% de aceite de parafina, especialmente diseñado para combatir de manera eficiente el pulgón, la mosca blanca y la psila. Su mecanismo de acción es triple:
- Actúa bloqueando la movilidad de las plagas y provocando su muerte por asfixia (anoxia).
- Daña la cutícula de los insectos causando deshidratación.
- Crea una barrera física que dificulta la puesta de huevos y el desarrollo de nuevas generaciones.
Además, Altinco Grinward® está autorizado para un amplio rango de cultivos y cuenta con certificación para su uso en agricultura ecológica, por lo que refuerza su valor como herramienta para productores que buscan soluciones sostenibles y alineadas con las nuevas normativas europeas. Su uso permite mantener bajo control estas plagas sin provocar resistencias y sin perjudicar a la fauna auxiliar, protegiendo así la biodiversidad y la salud del agroecosistema.
3. Fomento de la biodiversidad
La introducción de insectos benéficos favorecen el control natural y ayudan a frenar la evolución de las plagas. Este enfoque, promovido en la agricultura ecológica, permite crear ecosistemas equilibrados donde los depredadores naturales regulan las poblaciones de insectos perjudiciales.
4. Aplicación de estrategias combinadas
El éxito en la gestión de plagas radica en la combinación de diferentes estrategias: monitoreo, control biológico y uso de productos naturales eficaces.
El manejo integrado de plagas (MIP) integra prácticas culturales como la eliminación de malas hierbas y la rotación de cultivos con el uso racional de productos fitosanitarios y el fomento de depredadores naturales.
Por otro lado, el desarrollo de cultivos genéticamente más resistentes a ciertas plagas reduce la necesidad de tratamientos químicos, contribuyendo a una agricultura más sostenible.
Un enfoque sostenible ante la evolución de las plagas agrícolas
El incremento de plagas como el pulgón, la mosca blanca y la psila es consecuencia de múltiples factores, incluyendo el cambio climático, las prácticas agrícolas intensivas y la globalización. Esta tendencia supone un desafío creciente para la agricultura, ya que compromete la productividad y la calidad de los cultivos.
Sin embargo, es posible hacer frente a este reto adoptando un enfoque más sostenible combinando la gestión integrada de plagas, tecnología avanzada, manejo ecológico y biotecnología.
La aplicación de estrategias sostenibles y soluciones naturales es clave para frenar la evolución de las plagas agrícolas, proteger los cultivos sin generar residuos y mantener el equilibrio ecológico
Altinco Grinward® es una solución innovadora que contribuye a este objetivo, ofreciendo un control eficaz contra estas plagas sin generar resistencias ni perjudicar la fauna auxiliar.
Apostar por estrategias sostenibles es la clave para garantizar un futuro agrícola más eficiente y respetuoso con el medioambiente.